La parte más dura de asumir, siempre es la pérdida de nuestros pequeños. Cada uno de ellos nos han dejado una lección que aprender. Nos enseñan una nueva manera de ver la vida y de enfrentarse a ella. Y es que, desgraciadamente, la vida del gato feral y callejero no es nada fácil: vivir en la calle implica enfrentarse a multitud de riesgos que siempre terminan afectándoles. En nuestro corazoncito, hay un espacio guardado para cada uno de ellos.